jueves, 2 de octubre de 2014

España: “Las tomas de posesión de cargos públicos deben ser laicas"”

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“Las tomas de posesión de cargos públicos deben ser laicas”, así lo ha declarado de Francisco Delgado, Presidente de Europa Laica, en relación a la reciente toma de posesión del nuevo ministro de Justicia.

Europa Laica viene denunciando múltiples situaciones análogas de confesionalidad abierta o encubierta, donde se conculca el principio de laicidad, exigiendo que se cumpla la neutralidad y separación entre la política y la religión.

Para Europa Laica, “las ceremonias de toma de posesión de los cargos públicos deben ser laicas, esto es, sin simbología religiosa”. El Presidente de la Europa Laica, Francisco Delgado, hacía estas declaraciones en nota de prensa para señalar la postura de su asociación en relación a la toma de posesión del nuevo ministro de Justicia, Rafael Catalá, que ha sido el primero en poder elegir si, además de la Constitución, juraba o prometía su cargo con una Biblia y un crucifijo.

Desde que Felipe VI es rey, los ministros pueden elegir si jurar o prometer su cargo delante la Constitución sin más, o pueden hacerlo además junto a otros elementos religiosos. Dicho cambio se ha justificado apelando a la libertad religiosa. Sin embargo, para Europa Laica, esto supone confundir la laicidad que deben tener las instituciones democráticas con el mero multiconfesionalismo, que es otra cosa.

“Prometer el cargo delante de una Biblia o un Corán es como hacerlo con una camiseta del Real Madrid o del Barça: las creencias religiosas pertenecen al ámbito privado de la persona, en este caso de la persona que ejerce el cargo público, pero no al ámbito público, es decir, no al propio cargo en sí mismo”, nos explica Delgado.

“El ámbito privado es el espacio de la diferencia, donde cada cual tiene sus propias opiniones, creencias o gustos particulares. Ahí no debe entrar el Estado ni las leyes. Es un ámbito particular y que debe estar protegido de injerencias externas. En ese ámbito se decide si uno cree en un dios, en muchos o en ninguno; es ahí donde la mujer decide, de acuerdo a su conciencia, si quiere continuar o no con un embarazo, por ejemplo. Pero el ámbito público es el espacio común, el de las leyes, en el que nos reconocemos todas y todos como ciudadanas y ciudadanos, y cuya simbología debe ser inclusiva, universal, no puede ser la de una parte de la sociedad, ni de la religiosa ni de la atea”.

La laicidad supone la separación de estos dos ámbitos para garantizar la libertad de conciencia: “esta separación es la que garantiza que sean las mujeres las que puedan decidir en conciencia sobre su embarazo y que no se les imponga una moral particular a través de las leyes, al tiempo que impide que las creencias particulares se identifiquen con el espacio común que es el de todas y todos”. De ahí que, para Europa Laica, los actos y ceremonias públicos no puedan tener simbología religiosa o particular sino que deban ser laicos, neutrales.

“Un acto público, oficial, de Estado, debe hacerse con los símbolos propios del Estado que representen a toda su ciudadanía: la Constitución, la bandera oficial, el escudo…, pero no puede tener símbolos particulares representativos de las creencias de tan solo una parte de la sociedad, como son los símbolos religiosos”. En este sentido, Europa Laica lleva ya muchos años denunciando estas situaciones de confesionalidad abierta o encubierta en los actos de los cargos públicos, y exigiendo que se cumpla la neutralidad y la separación entre la política y la religión, tanto en los actos públicos como en las acciones del gobierno y los poderes públicos.

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