martes, 30 de diciembre de 2014

Uruguay: Las luchas sindicales en la era progresista

TENDENCIA CLASISTA Y COMBATIVA

Desde una perspectiva de clase y con la mirada puesta empecinadamente en el que hacer para construir una alternativa al modelo de sindicalismo actual, es que intentamos aproximarnos a una lectura más afinada de la realidad para entender el carácter de las luchas que durante esta década ha protagonizado la clase trabajadora o parte de ella. Pretendemos analizar hasta dónde ha impactado el gobierno progresista y su estrecho vínculo con las direcciones sindicales a la hora de luchar pero también a la hora de levantar las reivindicaciones por las cuales dar pelea

Como cuestión previa insoslayable al internarnos en la década progresista debemos recordar que el primer gobierno del FA fue antecedido por la crisis del 2002 y debemos recordar también que fue el propio FA quien contribuyó a evitar que la lucha de resistencia de los sectores populares pudiera desestabilizar el sistema político y volcó todos sus esfuerzos a presentar como solución a la penuria económica la llegada al gobierno del Encuentro Progresista

En esta lógica electoralista y consecuentemente desmovilizadora el gobierno de Vázquez arranca con una gran ventaja que es que las esperanzas cifradas en su gestión le garantizaron algo así como un impasse de lucha y organización. Todas las mediciones de conflictividad laboral (realizadas incluso desde el propio movimiento sindical) ubican a la conflictividad durante el año 2005 como la más baja en los últimos 10 años

Con esto no pretendemos negar ni restar importancia a las luchas reivindicativas que de todas formas se dieron en el periodo, porque en todas ellas las expectativas puestas en las políticas gubernamentales prontamente se desvanecieron para muchos luchadores sociales. El “reformismo sin reformas” sin variar un ápice la relación entre las clases y sin perjudicar la rentabilidad capitalista sólo dio pequeñas respuestas focalizadas a los sectores de extrema pobreza, cual política asistencial de cualquier gobierno burgués que debe descomprimir tensiones sociales para no correr riesgos mayores y aplica políticas de asistencia social definidas por los propios organismos financieros internacionales. La gran desventaja para la conciencia de clase es que el gobierno del FA logra contener la demanda de las luchas sociales. En una conjunción fatal para la conciencia anticapitalista se! mezcla la expectativa de muchos sectores en el nuevo gobierno, la disposición a no dar pelea y dar tiempo a la aparición de soluciones y la intervención de las organizaciones sindicales oficialistas en el sentido de justificar las dificultades del gobierno por las exigencias y presiones de las clases poseedoras. Es así que la categorización de “gobierno en disputa” atravesó toda la década progresista

En este mismo sentido las movilizaciones populares fueron enmarcadas en acciones de contra tensión a las tensiones burguesas para mejorar las posibilidades del gobierno de avanzar en la transformación de la economía hacia un país productivo

La situación internacional, la crisis económica mundial y la falta de horizontes de ruptura para guiar las luchas, hacen que la perspectiva de una sociedad sin explotación de clase sea prácticamente impensable para la mayoría de la población. Parece que han venido para quedarse el conformismo y la resignación, por eso las luchas populares, aún las más cruentas y las más valientes, son defensivas y desesperadas y no logran cuestionar el sistema de dominación

No hay mejor escenario para las políticas conciliadoras. Hemos intentado repasar las luchas más importantes del periodo, es decir las luchas que implicaron a mayor número de trabajadores y que se desarrollaron por las demandas más sentidas para la clase y que tomaron aspectos programáticos. La primera constatación es que la gran mayoría de los conflictos han sido por reivindicaciones salariales y que han girado en torno a las rondas de consejos de salario y han sido dirigidos casi sin excepción por el sindicalismo oficial

En muchos conflictos, incluso de sectores grandes y de importante tradición de lucha y organización como la Salud Privada, las plataformas salariales no eran ya aumentos de sueldo sino por pago de salarios adeudados y cumplimiento de convenios Si repasamos toda la década no encontramos un conflicto por salario en que se incluyera la demanda de congelamiento de precios y tarifas públicas

Los convenios salariales casi sin excepción no se apartaron de las pautas fijadas por el gobierno en los consejos de salario, las diferencias de puntos porcentuales son casi de laboratorio e incomprensibles para la mayoría de los trabajadores. La vinculación del salario a la canasta familiar casi no ha existido fuera de las menciones realizadas por sectores del clasismo y cuando desde el sindicalismo oficial se hace referencia a esta relación es para destacar y considerar un mérito la responsabilidad del movimiento sindical con el crecimiento de la economía a la hora de plasmar sus escuetas reivindicaciones. Desde el PIT – CNT se ha hecho centro en los 10 mil pesistas con ínfulas de demanda redistributiva de la riqueza

Nosotros creemos que entre el gobierno y el oficialismo sindical se ha logrado internalizar en el pensamiento de los trabajadores que el aumento de salarios implica riesgos inflacionarios y que es más peligrosa la inflación que las actuales penurias económicas con que la inmensa mayoría de los desposeídos debemos transitar por la vida Estos niveles de conciencia llevan a techar la demanda salarial en el posible gradualsmo

Gradualismo aceptado tanto en la disputa con el patrón como en el salario social a cargo del estado y es así que se consideran logros los aumentos paulatinos en las prestaciones sociales, un poco este año, otro poquito el que viene y así sucesivamente .Esta conducción “responsable” de la demanda es inmediatamente aprovechada por las patronales que contraatacan planteando la necesidad de vincular los niveles salariales por empresa a su productividad

Empresas recuperadas por los trabajadores

La crisis del 2002 con el cierre de fábricas y el aumento del desempleo colocó a los trabajadores en la necesidad de luchas defensivas por mantener puestos de trabajo y fuentes de trabajo. La ofensiva patronal justificada por la crisis no sólo atacó los niveles salariales sino que también aplicó reducciones drásticas de personal. Al inicio del primer gobierno de Vázquez fueron muchos los conflictos por despidos y para intentar evitar el cierre de empresas

Muchas de estas patronales altamente endeudadas por sobretodo con el estado a través del BROU optaron por abandonar sus fábricas muchas veces ya embargadas, en muchos casos las empresas desaparecieron y sus dueños se fueron del país dejando deudas salariales. En este marco se dieron ocupaciones de fábricas, luchas defensivas para evitar el desmantelamiento de las instalaciones fundamentalmente en la industria textil y varios colectivos plantearon la posibilidad de recuperar las fábricas o talleres bajo control de los trabajadores cooperativizados.

Hubo muchos conflictos en este sentido que aportan elementos para analizar y tal vez la primera ausencia programática que se destaca es la ausencia de referencia a la estatización de las empresas fundidas o abandonadas. Podemos enumerar una serie de conflictos desde La Aurora hasta Sudantex, Dancotex, Rimac y no sólo en la industria textil, también debemos recordar la experiencia de COPROGRAF o los trabajadores de METZEN Y SENA, y más recientemente el conflicto de la metalúrgica TECNOLUCE

En todos estos conflictos la solución a la que se arribó implicó la pérdida de puestos de trabajo. Siempre que hubo recuperación de fábrica por cooperativas de trabajadores los integrantes de estas cooperativas han sido unos pocos de los ex trabajadores de la empresa en cuestión. En ninguna de estas experiencias se logró (tal vez en alguna se intentó) presentar una alternativa de gestión obrera a las relaciones de trabajo capitalistas

En muchos casos los dirigentes del conflicto pasaron a ser los nuevos capataces del emprendimiento cooperativo y en todos los casos un número importante de ex asalariados pasaron a la informalidad o al cuentapropismo. Quizá el peor de los ejemplos es el de FUNSA, donde se plantea como conquista de los trabajadores la obtención de capitalistas dispuestos a invertir, no existe el control obrero de la producción y la ganancia y el dirigente histórico del sector es figura relevante del Ministerio de Trabajo. En síntesis ninguna de estas luchas trajo aparejado la construcción de modelos que cumplieran un rol de vitrina de las relaciones de explotación y opresión en el mundo del trabajo.

Tenencia de la tierra

En este punto entendemos que analizar la lucha de los trabajadores de la caña de azúcar en Bella Unión introduce muy importantes elementos para el debate. Desde las ocupaciones de tierra en el año 2006 y los reclamos al Instituto de colonización hasta la actualidad, en que en la Colonia Raúl Sendic un puñado de colonos produce caña de azúcar para ALUR S.A., la realidad de superexplotación de los peludos no se ha modificado

El complejo sucro alcoholero orgullo del gobierno progresista, no ha modificado en nada la tenencia de la tierra ni la rentabilidad capitalista, obteniendo sus ganancias de la explotación del asalariado rural, del asalariado industrial y de los colonos pequeños productores de caña. ¿ Será que debemos entender como un triunfo de la lucha de clases que 50 trabajadores de la caña de azúcar, sobre un total de 1200, hayan obtenido pequeñas parcelas del Instituto Nacional de colonización para abastecer de materia prima (exclusivamente) al complejo ALUR? ¿Será un triunfo que peludos venidos a colonos contraten a otros peludos como asalariados zafrales para llegar a la producción que les exige ALUR?

En el Uruguay rural, desde el punto de vista programático, la década progresista se caracterizó por grandes ausencias: reforma agraria, no a la extranjerización de la tierra, producción agrícola autosustentable, no a los mega proyectos extractivistas, defensa de los recursos naturales. Nada de esto existe en el sindicalismo oficial, pero nos quieren convencer de que debemos estarles agradecidos de por vida por la ley de ocho horas para el peón rural

Salud, educación y vivienda

En ninguno de estos ítems que hacen al salario indirecto y por tanto a las condiciones de vida de los sectores populares ha habido reformas redistributivas.

Volvemos al inicio, ha sido una década de progresismo sin reformas. No se operó ni la más mínima transferencia de recursos del capital al trabajo. Las luchas sindicales de trabajadores del estado, tanto en la administración pública como en las áreas de vivienda, salud y educación se han centrado fundamentalmente en reivindicaciones salariales y de condiciones de trabajo no estableciendo vínculo alguno con trabajadores usuarios o destinatarios de las políticas públicas (pocas excepciones en el conflicto de la educación), adquiriendo así a nuestro entender carácter de luchas corporativas. Un caso que tiene que ser analizado en forma más detenida fue la ocupación en el año 2013 de algunos liceos donde participaron junto a los trabajadores, alumnos, padres y vecinos y como las direcciones sindicales actuaron para desarticular estas l! uchas inter sociales.

En la salud pública se evitó la auto-organización popular creando desde el gobierno comisiones de usuarios cooptados por la burocracia estatal y sindical

Solidaridad de clase. Unificación de conflictos

Los trabajadores clasistas no podemos basar nuestro análisis de la situación de la lucha de clases en los índices de conflictividad laboral. Al menos no exclusivamente. Las luchas sindicales pueden torcer la correlación de fuerzas entre las clases ya sea por el logro de reivindicaciones económicas o por avances en la conciencia de clase, que incluso a partir de derrotas acerque a más trabajadores a la disposición a la auto organización y a la pérdida de expectativas en las soluciones provenientes del orden establecido

Podemos hablar de auge de la lucha de clases cuando el nivel de movilización y participación, aún en luchas defensivas, cuestiona la lógica del capital. Pero las luchas salariales defensivas y corporativas, que no apelan a la solidaridad de clase y que no proponen para el conjunto de los sectores oprimidos, no modifican la correlación de fuerzas, no jaquean al orden capitalista. Muchos conflictos de la década fueron por las migajas de la torta y en muchos casos se convenció a los trabajadores de la necesidad de esperar que la torta crezca, e incluso ayudarla a crecer.

Ninguno de los paros generales del periodo convocados por el PIT-CNT incluyó en su plataforma la unificación de los conflictos. Las plataformas del oficialismo que implicaban al conjunto de los trabajadores lo hacían desde el plano de reclamar al gobierno políticas públicas en determinadas áreas como inversión, legislación laboral o pautas salariales, pero nunca se convocó al conjunto de los trabajadores a unificar sus luchas en un plan de lucha por la conquista de las reivindicaciones levantadas. Por esto el carácter de las reivindicaciones cumple una función de declaración de aspiraciones para que el gobierno haga lo que pueda en tanto “gobierno en disputa”

Los paros generales de 24 horas, sólo dos en la década operaron, como válvula de descompresión y una vez más como vitrinas de los reclamos de clase en términos macro que podríamos definir como abstractos: “país productivo, redistribución de la riqueza, que la crisis no la paguen los trabajadores” sin propuestas concretas ni planes para obtenerlas y sin mencionar los ajustes fiscales y el pago riguroso de la deuda externa y sus intereses

El clasismo

Más allá del papel que ha jugado la dirigencia sindical, que ha embarcado al movimiento popular en la senda de la conciliación de clases, los sectores clasistas no hemos sabido o no hemos podido generar las herramientas que aporten en la organización de la clase obrera en el camino de la emancipación de los explotados.

La fragmentación, el sectarismo, las diferentes estrategias y los diversos métodos de construcción han debilitado el espacio de pelea y han hecho prácticamente imposible que expresiones que manifestaron algún atisbo opositor quedaran solamente en intentos y carecieran de la necesaria orientación que permitiera la acumulación en conciencia de clase. A pesar de nuestras limitaciones hemos sido los clasistas los que levantamos plataformas y programas que persiguen la ruptura con el sistema capitalista imperante y nos proponemos cambios profundos de la sociedad.

Rodear las luchas, manifestar la solidaridad, promover la unificación de los conflictos, fomentar la más amplia democracia obrera, reivindicar el internacionalismo, la independencia y autonomía de clase, deben ser parte de un proceder clasista no solo rupturista con los valores dominantes, sino fundamentalmente constructor de un hacer cotidiano transformador, libre y solidario tanto en el enfrentamiento permanente con los opresores como en la edificación de la sociedad que soñamos.

Algunas reflexiones a profundizar:

1- Nuestra presencia es poca, aislada e intermitente.

2- Conflicto que no es controlado es aislado, tergiversado, cooptado y en lo posible rápidamente derrotado. A veces bajo el falso “triunfo”. Empezaste por aumentos salariales condiciones de trabajo y terminaste levantando ante el reintegro de los despidos de dos o tres trabajadores durante el conflicto. Todo en foja cero.

3- Abundan conflictos donde sindicatos de base se ven obligados por la lógica de los hechos a responder a las resoluciones de Federaciones o Confederaciones que resuelven a través de sus direcciones sin contemplar las decisiones y voluntad de pelea de los trabajadores de base. Son reiterados los conflictos de gremios estatales (rendición de cuentas, presupuesto, reforma del estado, estatuto del funcionario), de entes autónomos (reducción de personal, salario, privatizaciones), de talleres metalúrgicos y de obras de la construcción (salario, condiciones laborales, accidentes) que encajan esta lógica

4- El poder del sindicalismo oficialista es enorme y representa el actual estadio de desarrollo de la conciencia y organización de la clase. Pautada por el retroceso ideológico-político. Por la falta de identidad respecto a métodos combativos y estrategias anticapitalistas. Carente de un programa social alternativo. Carente de un plan de lucha que reconstruya la autonomía de los proletarios y sus organizaciones

El discurso que justifica este hacer:

• Desde décadas atrás se fortaleció la idea de que el cambio estaba sujeto a lo electoral. Y desde el 2004 a la fecha el movimiento sindical uruguayo adaptó su discurso y su accionar a los intereses políticos y electorales del Frente Amplio.

• Fundamentan la consagración de “la independencia pero no la indiferencia”, apoyando “el cambio por un país productivo con justicia social”, justificando la falta de respuesta del progresismo con la excusa del “gobierno en disputa”, bregando por un nuevo período de la “izquierda” mediante la supuesta existencia de “dos modelos de país”, el “ponerle un freno a la motosierra” y la esperanza de “profundizar los cambios”.

• En este segundo período del FA en el gobierno los documentos emanados de los organismos de dirección del PIT-CNT refuerzan la tesis de la existencia de un “bloque político y social de los cambios” que ante el “avance de la derecha social y política” debe “retomar la ofensiva” con la consigna central en esta etapa de “desarrollo industrial con igualdad y más democracia”. Según indica el documento de la Mesa Representativa de octubre de 2012 (Nuestro PIT-CNT en la coyuntura actual, “A retomar la ofensiva”) “el asunto central es la generación de las condiciones para fortalecer el bloque social y político de los cambios”.

• La idea de lo posible, la idea de las mejoras, la idea de que si podes consumir un poco más vamos bien, ha retraído el debate sobre la emancipación y fragmenta las luchas, las sujetas fuertemente al corporativismo y la insolidaridad. Al temor de perder lo logrado. La clase siente que tiene mucho que perder… ¿qué hacer? ¿Cómo hacerlo?

Una propuesta de trabajo sobre este tema

Estos son apuntes que no pretenden ser más que un disparador para el debate acerca de esta realidad en que nos ha tocado trabajar sindicalmente para la construcción de alternativas al modelo de conciliación de clase imperante. Sabemos que falta mucho por decir, que hay muchas experiencias de lucha que no están mencionadas en estos apuntes.

Se trata de una primera aproximación para introducirnos en una propuesta de trabajo: creemos que puede aportar al trabajo clasista un estudio detallado de los conflictos sindicales que consideramos representativos del periodo, estudio que debe recurrir necesariamente a la información de nuestra propia militancia y nuestras propias experiencias para intentar documentar la historia no oficial.

El carácter de las luchas, los niveles de participación y democracia obrera, el tipo de demandas, las expectativas reales, el rol de las direcciones y la interpretación de los resultados, en cada uno de los conflictos que ocurrieron, analizados desde una perspectiva de clase puede contribuir a aportarnos insumos para definir nuestras próximas acciones.

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