miércoles, 7 de enero de 2015

Grecia ante la posibilidad de un cambio de ciclo

Antonio Cuesta (PL)

En apenas tres semanas, el próximo 25 de enero, los ciudadanos griegos están llamados a las urnas en medio de una tensión creciente ante la posibilidad real de cerrar un ciclo de casi cinco años dominado por duras políticas neoliberales.

La semana comenzó con las declaraciones del Vicecanciller y Ministro de Economía de Alemania, Sigmar Gabriel, quien advirtió que la eurozona "no se dejará chantajear" y confió en que el Gobierno de Grecia "independientemente de quien esté en él, respete los acuerdos alcanzados con la Unión Europea" (UE) .

Desde que el pasado 29 de diciembre se anunció el adelanto electoral en Grecia, Berlín ha venido insistiendo en que el desacato de Atenas a las imposiciones de la troika (Comisión Europea, Banco Central Europeo y Fondo Monetario Internacional) equivaldría a su expulsión de la zona euro.

Esas tipo de amenazas a los votantes son las preferidas por el todavía Primer Ministro griego, Antonis Samarás, durante el inicio de esta fugaz campaña electoral, pues ya le dieron buenos réditos electorales en las anteriores legislativas de 2012.

Sin embargo, la campaña de los líderes alemanes, la Canciller Ángela Merkel; el Ministro de Finanzas, Wolfgang Schaeuble, y su portavoz ministerial, Martin Jaeger, entre otros, pretende convencer a los electores de que "no hay alternativa a los esfuerzos griegos para reformar la economía, pues están dando sus frutos".

Para el economista griego Yannis Varoufakis la denominada "recuperación" solo exitió "en el reino de la propaganda" y estuvo alimentada "mediante dos nuevas burbujas, una en el mercado de bonos y la otra en el mercado de acciones bancarias griegas", que reventaron cuando surgió la posibilidad de que los griegos expresaran su opinión en las urnas.

Berlín consiguió salvar a los bancos alemanes del avispero de la deuda griega entre 2011 y 2012, y ahora solo le interesa que todos los países de la eurozona acaten sin discrepancias unas políticas de austeridad, por lo que una victoria de la izquierda griega podría alterar su incontestable dominio.

Pese a la debilidad de la economía europea, y al hecho de que tanto Francia como Italia se encuentren contra las cuerdas, los únicos beneficiados son "los comerciantes y los banqueros alemanes que no tienen ningún interés en abandonar las políticas de austeridad", según explicó el profesor de Economía de la Universidad de Londres Costas Lapavitsas.

En el caso griego estas medidas demostraron tras casi cinco años su más absoluto fracaso, con una caída del Producto Interno Bruto (PIB) de más del 25 por ciento, retrocesos en los salarios reales (30%) y en la producción industrial (35%), y el desempleo, que se acercó al 28%, afectando en la actualidad a una de cada cuatro personas en edad de trabajar.

El gobierno de Atenas lanzó las campanas al vuelo al conseguir, tras seis años de profunda recesión, un crecimiento marginal para 2014 del 0,7 por ciento, hipotecado por el declive continuo de los precios (-1,2%).

Pero el desastre del sector productivo en Grecia vino también acompañado durante 2014 por el hundimiento del sector financiero, con una pérdida de valor del 29 por ciento en la Bolsa de Atenas, debido principalmente a la caída en picado de los bancos sistémicos griegos.

Las cotizaciones de estas cuatro entidades financieras cayeron durante el pasado año el 46 por ciento, lo que demuestra su falta de atractivo, tanto para inversores privados como institucionales, pese a haber consumido desde 2008 más de 211 mil 500 millones de euros de dinero público en garantías y dinero en efectivo.

Los datos no solo muestran el estado de postración en el que se halla el sistema financiero griego, sino que además ponen en evidencia las pruebas de estrés realizadas el pasado mes de octubre por el Banco Central Europeo, en las que estos bancos obtuvieron una positiva evaluación.

Ante esta situación un número creciente de analistas económicos comienza a considerar que una victoria del partido izquierdista Syriza, principal favorito a la victoria en los comicios, podría ser incluso provechosa para dinamizar la moribunda economía del país.

En esa línea el diario británico Financial Times señaló la pasada semana que muchos inversores ven con buenos ojos las próximas elecciones griegas, pues probablemente un gobierno de Syriza sería menos problemático de lo estimado originalmente, e incluso podría ser positivo para el conjunto de la eurozona al poner en cuestión el dogma de la austeridad.

Es evidente que el cambio de Syriza hacia posiciones más moderadas ha sido percibido positivamente por una fracción del sector financiero, pero no está claro que sea aceptado por Bruselas, que sigue manteniendo una posición bastante hostil ante una eventual victoria de la izquierda.

La troika se aprovechará sin duda de las importantes necesidades de financiación que necesita Grecia para pagar parte de su deuda, y que algunos economistas cifran en unos 20 mil millones de euros de aquí al verano de 2015, además de los fondos adicionales procedentes del Banco Central Europeo para evitar el colapso de las entidades financieras griegas.

Enfrente se sitúa el líder de Syriza, Alexis Tsipras, quien recurrió al ejemplo alemán de 1953, cuando borró la mayor parte del valor nominal de su deuda, para defender lo que su partido quiere hacer desde el primer momento en que llegue al Gobierno.

La formación izquierdista viene trabajando desde hace meses en una propuesta para llevar a cabo una reestructuración de la insostenible deuda griega y en medidas que pongan fin a la crisis humanitaria provocada por más de cuatro años de duras políticas de austeridad.

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