martes, 17 de marzo de 2015

Cazaubon, la cara oculta de Acíndar

Carlos del Frade (APE)


El 20 de marzo de 1975, cuatro mil efectivos procedentes de diferentes lugares del país entre los cuales había policías provinciales santafesinos, policías federales, pesados de las organizaciones sindicales de derecha y bandas de delincuentes comunes reclutados para la ocasión, invadieron la ciudad obrera de Villa Constitución, al sur de la provincia de Santa Fe.

Según ex oficial de la Policía Federal, Rodolfo Peregrino Fernández, se trató de un operativo de la Triple A y contó con el apoyo del gobierno nacional de entonces a través del Ministro del Interior, Alberto Rocamora y fue pagado por las gerencias de las grandes fábricas de la zona, Acindar, Metcon y Marathon, entre otras, a razón de 200 dólares para cada uno de aquellos que detuvieron 200 delegados de fábrica y convirtieron al albergue de solteros de Acindar, en aquel momento gerenciada por José Alfredo Martínez de Hoz, en uno de los primeros centros clandestinos del país.

Por primera vez, a través de la documentación que aquí se exhibe, perteneciente al servicio de la Policía Federal, Adrián Cazaubón, queda demostrado cómo Acindar y, en su momento, la Unión Ferroviaria, le dieron trabajo a estos represores. Y, por otro lado, esta comprobación habilita al juez federal Norberto Oyarbide que sigue la investigación sobre aquellos sucesos de Villa Constitución, para que pida la declaración de los entonces funcionarios de la empresa Acindar y busque más evidencias sobre las identidades de aquellos que conformaron en su momento la Triple A y, años después, las Tres Fuerzas Armadas, como lúcidamente lo denunciara Rodolfo Jorge Walsh.

De la Triple A a Acindar

Las credenciales demuestran identidades y pertenencias. Hablan del pasado abierto como consecuencia de la impunidad que supo tejer el poder económico como verdadero titiritero de la masacre desatada contra los trabajadores en los años setenta, aún desde antes del 24 de marzo de 1976.


La llamada Asociación del Personal de Dirección de la Industria Siderúrgica, fundada el 20 de setiembre de 1971, le otorgó la tarjeta al afiliado Adrián Mario Cazaubón y le otorgó el número de afiliado terminado en 11620. Y dice con exactitud el papel plastificado: “ACINDAR S.A.. Empresa a la que pertenece”.

Por su parte el Ministerio de Bienestar Social a través de la Caja Nacional de Previsión de la Industria, comercio y actividades civiles, expidió la “certificación de cesación de servicios” del mencionado Cazaubón cuyas tareas eran desempeñarse como “Jefe Protección Planta” bajo un convenio “excluido” en la zona de Rosario.

La causa de la cesación fue “renuncia” el 7 de setiembre de 1977 y el último pago que recibió consistió en 196.697 pesos en calidad de sueldo y 121.067 pesos más como aguinaldo.

El empleador certificante, dice el documento oficial, era ACINDAR INDUSTRIA ARGENTINA DE ACEROS S.A., con domicilio en avenida Ovidio Lagos 4250. La certificación está firmada por Lelio Angel Galassi, de la división personal de la acería.

Otra credencial, emitida por la Policía Federal Argentina, en Buenos Aires, el 31 de enero de 1974, dice que Cazaubón “es custodia personal del señor presidente de la Unión Ferroviaria, está autorizado a portar armas, por el término de un año, a contar de la fecha”.


Y un tal Leopoldo Díaz le firmó otro carnet como integrante del Servicio de Informaciones Anticomunistas (SIA) que vencía el 31 de diciembre de aquel año 1974 e informaba que Cazaubón “presta servicio como auxiliar de enlace (sec. Capital)”. Este Servicio estaba inscripto en la denominada COARA.

También el señor Cruz Alcides Machado, socio gerente de ORINPRI SRL, “autorizado por la delegación Rosario de la Policía Federal Argentina”, según el decreto 1.063 del año 1976 y la resolución 1902 del Ministerio de Gobierno de la Provincia de Santa Fe, sostiene que Cazaubón “se desempeña como inspector de objetivos de esta empresa”.

Adrián Mario Cazaubón, nacido el 3 de septiembre de 1934, casado y padres de dos hijas a quienes abandonó en los años setenta, era integrante de una de las tantas bandas de derecha que primero conformaron la Triple A y luego siguieron brindando servicios en sindicatos y empresas que financiaron la represión desde principios de los años setenta contra los trabajadores que no respondían a los intereses y mandatos de la burocracia.

Estos documentos que por primera vez se publican, demuestran que Acindar, la empresa cuyo gerente era José Alfredo Martínez de Hoz y que financió la invasión a Villa Constitución el 20 de marzo de 1975, le dio trabajo a Cazaubón en los primeros años de la noche carnívora de la dictadura y comprueban cómo la acería fundada por la familia Acevedo habían invertido en represores para mantener a raya sus empleados.

-Mi papá tenía guardada una manopla de hierro que quedó en un armario de la casa y hasta en su momento llegamos a descubrir una credencial de la Triple A…-comenta de una de las hijas de Cazaubón ante este cronista.

La mamá de las chicas tuvo que hacerse cargo de la familia sin ningún tipo de comunicación o ayuda económica. Lo hizo con una gran valentía mientras su ex marido era uno de los tantos integrantes de los grupos de tarea antes y durante la dictadura.

Cuarenta años después del inicio de la matriz del golpe más sangriento de la historia argentina, los papeles y los documentos de Cazaubón revelan que todavía existen pruebas concretas y materiales de quiénes fueron aquellos 4 mil efectivos de distintas fuerzas que ocuparon la ciudad obrera del sur santafesino.

Todos ellos pagados por organizaciones sindicales de derecha, distintos gobiernos y, por supuesto, por empresas como Acindar.


Estos nombres y papeles plastificados deberían interesarle al juez federal Norberto Oyarbide que está investigando el rol de la empresa en la feroz represión desatada aún antes de la asunción de la Junta Militar encabezada por Jorge Rafael Videla.

El militante nacionalista

 La amarillenta página 5 del viejo diario “La Razón”, del domingo 8 de agosto de 1954, daba cuenta de “un raid de pintores”, el viaje “a México de tres jóvenes a caballo”, sostenía el recuadro acompañado por una fotografía.

“Impulsados por un auténtica vocación de artistas, tres jóvenes argentinos iniciaron esta mañana un raid a caballo con destino a México, con el exclusivo fin de plasmar en sus telas los paisajes más sugestivos y atrayentes del viaje. Son ellos Adrián Mario Cazaubón, de 20 años, dibujante y a la vez alumno de la Escuela Nacional de Cerámica; Juan Roberto López, de 32, de igual actividad y Pedro Héctor Gutiérrez, de 24, dedicado a la confección artística de flores”, sostenía la noticia.

“Para realizar esta arriesgada empresa llevan cinco caballos –dos de ellos donados por el intendente de Morón-, una carpa, algunas ropas, más de un centenar de pinceles, témperas, óleos, paletas que emplearán durante su raid que abarca, además de Argentina, Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia, Venezuela, Panamá, Puerto Rico, Nicaragua, Honduras, Guatemala y México”, agregaba la información.

El artículo añadía que las alternativas del viaje serían transmitidas por onda corta y que la partida se hizo desde la Plaza del Congreso. “Desde el monolito que señala el kilómetro cero emprendieron el viaje, rindiendo previamente homenaje a la Jefa Espiritual de la Nación, para lo cual depositaron una ofrenda floral en el busto que perpetúa su memoria en la Confederación General del Trabajo”, terminaba diciendo la crónica de “La Razón”.

En una carpeta azul con anillos, Cazaubón le puso una etiqueta con el título: “Recuerdo del Operativo Cóndor”.

Habían pasado doce años de aquel viaje a caballo a México.

Era el 28 de setiembre de 1966, bajo la dictadura del general Juan Carlos Onganía.


Cazaubón fue conmovido por aquella acción de los 18 “comandos” que intentaron tomar las Islas Malvinas. La revista “Panorama” editó un suplemento gratuito con muchas fotografías que hoy, casi medio siglo después, se pueden encontrar en la web.

Pero desde la carpeta azul de Cazaubón surge el original con el clásico aroma que deja el paso del tiempo sobre los papeles. Son fotografías en blanco y negro y la tapa muestra el momento en que “se cierra la portezuela del DC-4 de Aerolíneas Argentina, LV – AGG, donde van los comandos. Sentada, se ve a la única mujer del grupo”, informa la revista.

El título de la publicación era “Operación Comando en las Malvinas”.

Luego, a doble página, la fotografía de aquellos muchachos nacionalistas mostrando la bandera argentina en medio del frío malvinero.

Dice el texto de “Panorama”, “los integrantes de la Operación Cóndor: “Estamos unidos porque creemos que eludir un compromiso es cobardía. Estamos luchando y lucharemos. O concretamos nuestro futuro o moriremos con el pasado”, tal fue la proclama de los jóvenes que organizaron la operación comando”, remarcaba el escrito.

Cazaubón, militante peronista y nacionalista, siguió juntando y pegando recortes de la Operación Cóndor en su carpeta azul.

Allí estaba el nombre del jefe de aquella acción, Dardo Cabo, que luego sería desaparecido durante la dictadura; y también aparecía como subjefe, Alejandro Giovenco, alguien que después fuera denunciado como integrante de las patotas de la UOM y la Triple A. Casi la síntesis de los enfrentamientos de la década del setenta.

Pero entre esos papeles de diario, Cazaubón resalta un nombre los que viajaban en el avión hacia Tierra del Fuego, Carlos Villar, nada menos que el jefe de la Policía Federal y, en su momento, el jefe operativo de la Triple A, luego ajusticiado por Montoneros.

La última información que tienen los familiares es que murió y fue enterrado en el cementerio de Villa Gobernador Gálvez, al sur de Rosario.

Fuente imágenes: APE

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