martes, 10 de marzo de 2015

La excusa

Carlos Enrique Dallmeier

Claro que lo dicho por Obama presagia una intervención militar en Venezuela. Ese siempre ha sido su objetivo desde la llegada de Chávez al poder.

Pero esa intervención no ocurrirá en frío, necesita un detonante. Estados Unidos siempre ha jugado a que ese detonante sea una situación de confrontación armada de tal magnitud que lo justifique.

Sucedió en el 2002 y su famoso plan de invasión bautizado como Balboa. Y ese es el objetivo que buscaron con el llamado de Capriles a “descargar la arrechera”. Con las guarimbas, con la guerra económica y con el recientemente develado golpe de Estado.

Como todos ellos le fallaron están tratando de revivir el golpe frustrado amenazando directamente a Venezuela, con el fin de darle una excusa para el Golpe a los militares que estaban complotados, y que aún siguen en la fuerza Armada Nacional, ya que estos, bajo ese esquema, lo darían para sacar a Maduro y así impedir un conflicto armado con el país del norte, que pudiera convertir a nuestro país en una nueva Siria o Irak, bombardeado y arrasado con la terrible fuerza militar norteamericana.

En realidad está descartado que Estados Unidos pueda atacarnos en frío. Eso no existe. Solo será posible si se alzan esos militares que sostienen tan peregrinos argumentos.

Esos planes imperiales debe derrotarlos el gobierno.

Primero, desmantelando el remanente del aparato conspirativo que quedó del proyectado golpe de febrero.

Segundo, movilizando al pueblo. Allí veremos si es verdad que existen tantos millones de inscritos en el PSUV y si de verdad las milicias existen como cuerpo armado.

Tercero, desenmascarando esa estrategia a los ojos del pueblo y del concierto internacional. Se puede mostrar lo sucedido en Libia, Irak, Afganistán, Ucrania, etc., en donde aplicaron acciones similares.

Por supuesto, evitando el insistir en un posible conflicto militar con los gringos, ya que eso le daría mucho oxígeno a la excusa golpista.

Los organismos regionales

La ausencia de organismos regionales efectivos, tanto desde el punto de vista político, como del económico y militar es lo que le permite al imperialismo norteamericano seguir pretendiendo salirse con la suya y “torcer el brazo” de sus objetivos.

Es por eso que para mí no existe casi diferencia entre Unasur y una peña de jugadores de dominó, que se reúnen de vez en cuando para charlar y pasarla bien.

Igual sucede con la famosa ALBA, que pensé que iba a ser el núcleo fundacional de esa unión latinoamericana que tanto piden nuestros pueblos, y que ha devenido en gran fabricante de comunicados y declaraciones rimbombantes que no tiene ningún efecto práctico, o como dice el refrán, que no producen cagajón.

Allí están los casos de Paraguay y de Honduras, el imperio tumbó los gobiernos progresistas y los latinoamericanos no hicimos nada, sino protestar “enérgicamente” contra el imperialismo.

Ideas obsoletas

En realidad esa integración efectiva no se ha podido alcanzar porque en el seno de nuestro subcontinente existen dos tesis fuertemente arraigadas:

1) La de los sectores dominantes asociados muchos de ellos al imperio y que ven en ese tipo de unión un peligro para el ascenso del “comunismo” en la región y

2) La propagada por un grupo de trogloditas estalinistas quienes sostienen que esas uniones de naciones desembocan forzosamente en una unión continental de capitalistas, desconociendo las actuales realidades. Por cierto son los mismos que en Venezuela hay que luchar en contra de la clase media y del consumismo.

Por Dios, que consumismo puede haber en un país con un salario mínimo que apenas sobrepasa los 400 euros a tasa Sicad, y que a la tasa libre de 177 no llega a 30 euros mensuales. Están locos.

Los latinoamericanos necesitamos desarrollar el pensamiento de Chávez y de Kirchner para alcanzar un ideario político propio, adaptado a nuestras realidades e intereses y desprovisto de tantas estupideces que traen las teorías extranjerizantes.

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