miércoles, 11 de marzo de 2015

Nobel de la Paz sanciona y amenaza a Venezuela

Eduardo Ibarra Aguirre (FORUMENLINEA)

El Premio Nobel de la Paz 2009, Barack Obama, decretó que Venezuela es “una amenaza a la seguridad nacional de Estados Unidos”, impuso sanciones a siete funcionarios que forman parte del gobierno de Nicolás Maduro y expresó su “preocupación por el trato” que Caracas da a sus opositores.

Declarar por decreto presidencial a un país como amenaza a la seguridad nacional estadunidense tiene el propósito de colocar a la bolivariana Venezuela y en particular a su gobierno como el primer adversario ideológico del imperio en el continente, condición que en forma lenta y contradictoria empiezan a superar Washington y La Habana, y que para los que acostumbran observar a la aldea ignorando la escala de grises, implica no sólo el fracaso del modelo cubano, sino que auguran con singular entusiasmo el presunto abandono de su alianza estratégica con Caracas.

Anunciadas las beligerantes y también hipócritas medidas del habitante principal de la Casa Blanca ante la “amenaza extraordinaria e inusual a la seguridad nacional y política exterior estadunidenses”, y para “proteger los derechos humanos”, el primero en reaccionar enseguida del pronunciamiento de Maduro Moros acompañado de su gabinete, fue justamente Fidel Castro para felicitarlo “por tu brillante y valiente discurso frente a los brutales planes del gobierno de Estados Unidos”.

Retirado de la conducción política institucional de la mayor de las Antillas, la inmediata respuesta del comandante Fidel Alejandro da idea de que el gobernante que más sufrió la agresividad imperial en todas sus formas durante el último medio siglo, no tiene matices para juzgar la “orden ejecutiva” de Barack Hussein. Y lo hizo en pleno desenvolvimiento de medidas bilaterales para recomponer las relaciones diplomáticas entre ambos países.

Lo anterior significa que el líder cubano se toma en serio las beligerantes medidas del sucesor del harto belicoso George W. Bush, acaso no tanto por lo que en sí mismas impliquen como por el delicado contexto global en que se producen, donde los casos de la agredida Siria y la intervenida Ucrania aparecen en privilegiado lugar en la agenda intervencionista estadunidense para rediseñar el mundo a su gusto y conveniencia.

También permite entender la inmediata reacción de los presidentes de la región como el boliviano Evo Morales y el ecuatoriano Rafael Correa, quien ya solicitó la reunión de la Unión de Naciones Suramericanas y de la Comunidad de Estados Latinoamericanos. Hasta el secretario general de la Organización de Estados Americanos, antes llamado ministerio de colonias, no titubeó en juzgar “que es una categorización de Venezuela de una manera bastante dura”.

Si José Miguel Inzulza lo percibe de tal manera, pues los aliados, amigos y simpatizantes de la República Bolivariana de Venezuela en los gobiernos, la sociedad civil, los partidos y las organizaciones sociales de la aldea global, tienen razones más que suficientes para ponerse en guardia y echaron a andar la gigantesca y siempre eficiente maquinaria humana de la solidaridad desde arriba y desde abajo, no sólo a la izquierda porque la subsistencia y el respeto a la autodeterminación es lo que pareciera estar en juego allá y aquí. Y con la riquísima experiencia en las prácticas intervencionistas estadunidenses en los cinco continentes está demostrado que no se debe contemporizar.

Por ello, China expresó su deseo de que “alcancen un entendimiento amistoso”, pero basado “en la igualdad y el respeto mutuo”, lo cual está en chino lograr, si no es subordinándose a la principal potencia imperialista.

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